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La expresión de la sexualidad suele reflejar los valores y creencias personales en cada momento vital. En nuestra sociedad, la vivencia de la sexualidad está influenciada por los valores de la cultura judeocristiana y por los de otras culturas, cada vez más presentes. Dichos valores suelen ir asociados a formas de culpabilización y penalización de la persona que los transgrede.

Por otra parte, vivimos en una sociedad de consumo que ha hecho de la sexualidad un producto más y en la que las relaciones amorosas y sexuales se banalizan. El consumo compulsivo de la sexualidad se identifica con la felicidad.

La sexualidad también se utiliza como recurso publicitario y se relaciona, sobre todo, con el atractivo físico de la juventud y con la seducción para buscar el propio placer, independientemente del placer y bienestar de la otra persona.

En todas las sociedades, las normas y costumbres relacionadas con la sexualidad tienen que ver con cómo se entienden:

  • El cuerpo y el placer.
  • La finalidad de establecer una relación afectiva y sexual.

Las sociedades humanas, del mismo modo que cada una de las personas que las integran, están en constante evolución. En la actualidad, se observa una tendencia a dotar a las personas de libertad para decidir por sí mismas sobre la forma en que quieren vivir su sexualidad. A la moral sexual, la sexualidad banalizada y la utilización de la sexualidad como instrumento al servicio del consumo, se contrapone otra forma de entender la sexualidad y las relaciones, basada en los siguientes principios éticos:

  • Consentimiento
  • Placer y bienestar compartidos
  • Igualdad
  • Honestidad
  • Salud sexual

Estos principios pueden ayudarnos a cometer menos errores, evitar sufrimientos y disfrutar más y mejor de nuestra vida sexual y amorosa. En definitiva, nos permiten utilizar la libertad para tomar las mejores decisiones y disfrutar de la mejor salud, individual y colectiva.

Consentimiento

En las relaciones sexuales y amorosas hay que reconocer y considerar siempre la libertad y la dignidad propia y de la pareja, sin instrumentalizar nunca a la otra persona para buscar únicamente el propio beneficio, de manera que tanto nosotros como la otra persona nos sintamos libres de aceptar o no esa relación.

Razonamiento: Exige capacidad de negociación y tolerancia a la frustración. No podemos hacer siempre lo que nos gustaría, existen límites.

Ejemplo de comportamiento contrario: Manipular, presionar, obligar, forzar o agredir a una persona para tener relaciones sexuales o tener con ella una relación de pareja.

Placer y bienestar compartidos

Cuando dos personas tienen relaciones sexuales, además de buscar el propio placer, tienen que ocuparse e intentar que la otra disfrute y sienta satisfacción en la relación.

Razonamiento: Las personas no son objetos que se utilizan; por ello, la relación sexual requiere conocer y respetar los gustos y preferencias de la persona con la que se comparte una experiencia tan íntima.

Ejemplo de comportamiento contrario: Buscar únicamente el placer y bienestar propios, sin tener en cuenta si la otra persona se siente a gusto.

Igualdad

En las relaciones sexuales y amorosas las dos personas tienen los mismos derechos y obligaciones; las normas, la ética o la moral sexual tienen que ser igualitarias y las personas involucradas en la relación tienen que tratarse con justicia y equidad.

Razonamiento: Supone superar los estereotipos de género o cualquier aspecto que otorgue superioridad a uno de los miembros de la pareja: clase social, situación económica, prejuicios de género (un hombre o una mujer «no hace esto o esto otro», por ejemplo), etc.

Ejemplo de comportamiento contrario: Criticar a una chica por llevar preservativos, decir que es atrevida o «fácil» por ese motivo.

Honestidad

En las relaciones sexuales y amorosas la lealtad es un requisito, las intenciones tienen que estar claras y tienen que explicitarse. Se tiene que tener siempre la honestidad de decir a la otra persona lo que realmente queremos de ella, los sentimientos leales que tenemos hacia ella y los compromisos reales que asumimos, aclarando, en su caso, los que no queremos asumir.

Razonamiento: Exige relaciones afectivas y sexuales sinceras y que ninguna persona de las implicadas en la relación reciba mensajes confusos, engañosos o contradictorios.

Ejemplo de comportamiento contrario: Decir a una persona que se está enamorado o enamorada, cuando sólo se quiere una relación ocasional o pasajera.

Salud sexual

En las relaciones sexuales y amorosas hay que cuidar la salud propia y la de la otra persona, no asumiendo prácticas de riesgo que puedan provocar infecciones, otros problemas de salud o un embarazo no deseado.

Razonamiento: Implica comportarse con responsabilidad y requiere de conocimientos correctos sobre anticoncepción y prevención de infecciones de transmisión sexual.

Ejemplo de comportamiento contrario: Mantener relaciones sexuales coitales sin preservativo cuando se tiene conocimiento de sufrir una infección de transmisión sexual.

Fuente: caib.es

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