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La ropa interior puede arruinarnos o salvar un encuentro. Hay que elegir muy bien lo que uno se pone, se quita o se deja encima para no “enfriar” al otro.

Si la ropa es importante en la vida diaria, como el trabajo o la vida social, imagínense la influencia que las prendas íntimas pueden ejercer en nuestra sexualidad. Inconmensurable. Algunas actúan como interruptores bajo los letreros «encendido» o «apagado», y tienen el poder de arruinar una prometedora noche de lujuria o de retocar, como el photoshop, y transformar a cualquiera en un modelo de Armani. De nada vale que hagamos cada día nuestros ejercicios, ni que seamos expertas/os en seducción. Si nuestro fondo de armario erótico falla, todo está perdido. La visión de una ropa interior alta en color piel –muy cómoda para las mujeres, pero el enemigo número uno de la erección para la mayoría de los caballeros– puede tener un efecto irreversible.

Estilo de mujer

A no ser que uno viva en una comunidad nudista, hay que desterrar el argumento de “total para lo que me va a durar puesta” y empezar a invertir más en lencería. La practica de quedarse como uno ha venido al mundo para entrar en acción, está, afortunadamente, en desuso. Es mucho más divertido y acorde con la dinámica de la situación, ir despojándose de las prendas poco a poco. Algunas incluso, sobre todo en el caso de las mujeres, pueden permanecer todo el rato como adorno o complemento.

La fórmula de la seducción es una ecuación en la que hay que ir jugando con lo que se muestra, lo que se esconde y lo que se adivina, sin olvidar que la imaginación y la fantasía son las armas más poderosas de todas. Llevar la contraria a la lógica resulta siempre más creativo y excitante. Citarse en un sitio público, no llevar ropa interior y hacérselo saber a nuestra pareja; o permanecer con ciertas prendas en la intimidad, son estrategias interesantes a tener en cuenta.

Desgraciadamente, las razones de dejarse algo encima no siempre tienen una intención perversa y excitante, también pueden obedecer a una ideología ‘monjil’ o a la falta de autoestima. Un estudio de 2010 del diario The Telegraph revelaba que un 48% de las mujeres prefieren permanecer con alguna prenda durante la relación sexual y, dentro de este grupo, el 54% lo hacía porque eso les generaba más confianza. El 61% de las entrevistadas seguía prefiriendo hacer el amor con las luces apagadas y lo que la mayoría se negaba a quitarse era el sujetador.

Existen también variados argumentos de doble filo que muchas mujeres esgrimen a la hora de negarse a probar estilismos más excitantes para irse a la cama acompañada. “Es que no me siento cómoda”, “no soy yo”. De eso se trata, precisamente. La seducción siempre entraña algo de interpretación, además ¿no estamos también actuando cuando asentimos a nuestro jefe y lo que queremos, en el fondo, es mandarle a freír espárragos? Finalmente, esto es como el karaoke, al principio puede dar un poco de vergüenza, pero una vez que tenemos el micrófono en la mano, ya no hay quien nos lo quite.

Las prenda estrella de la excitación, son los ligueros. Existen variedad de estilos en lencería y generalmente ellos y ellas tienen sus favoritos –el marido de una amiga se decantaba por lo que él llamaba “Molly, la hija del granjero”, que no es otra cosa que la corriente erótico-rústica–, pero es difícil encontrar un hombre al que no le gusten los ligeros. La prenda, aunque clásica, puede crear looks más casual, si se acompaña de unas pantys estampadas, de lunares, en colores, o con medias negras tupidas o de lana fina, que dan un aire menos “alta sociedad”. Existe la versión panty-liguero, más cómoda pero totalmente descartable si lo que queremos es mantener puesto este artilugio en todo momento. Es importante que todo lo que se quiera llevar hasta el final no tape zonas erógenas o determinantes. Liguero, medias y zapatos es siempre una buena opción. Existen también las pantys sin fondo –en las que falta la parte sobre la que se pondría una compresa– y que vistas de frente y por detrás parecen normales, gracias a sus encajes.

Los zapatos merecerían un capítulo aparte porque existe todo un mundo de fetichismo entorno a los tacones de aguja.

Cosa de hombres

Los hombres lo tienen más difícil a la hora de llevar ciertos complementos sin correr el riesgo de ser tachados de metrosexuales para arriba, aunque los gays tienen todo un mundo de posibilidades. Durante años, lo único que muchos mantenían puestos eran los antiestéticos calcetines pero, curiosamente, un estudio les ha dado la razón. Un experimento sobre sexualidad efectuado en la Universidad de Groningen, Holanda, por Gert Holstege, escaneó la emisión de positrones de los cerebros de 13 mujeres y 11 hombres, para saber como actúan durante el orgasmo. Uno de sus hallazgos fue comprobar que, tanto a ellos como a ellas les era más fácil llegar al clímax cuando llevaban los calcetines puestos. Claro que la explicación era muy obvia y no entrañaba ningún descubrimiento sorprendente, como el propio Holstege comentaba al diario El País: «Después de dos horas bajo el escáner, casi todos los voluntarios se habían descalzado, por lo que, transcurrido un cierto tiempo, se les enfriaban los pies», aclaraba el científico. «Decidimos aprovisionarnos de calcetines, ya que tener los pies helados en cualquier situación no es algo agradable. No hay relación entre los calcetines y el sexo, que yo sepa, aparte del hecho de que todo el mundo quiere practicarlo en las circunstancias agradables, y eso incluye no tener los pies helados» sentenciaba Gert. Así que ya saben, el secreto está en encender la calefacción.

Los accesorios son otro tema que merece un extenso reportaje pero, sin meternos en el terreno de los juguetes eróticos, hay algunos imprescindibles que complementan la vestimenta: vendas, esposas o pezoneras, que gracias a la fiebre vintage y al burlesque parecen venderse como pan caliente.

A evitar para ellas

  • Pantimedias. El antídoto de la lujuria para los hombres, especialmente los de color carne con la costura torcida y subidos por encima del ombligo. Sustituirlos siempre por medias con liga de silicona, que se sujeta sola.
  • Prendas interiores comestibles. Como broma está muy bien, pero los diseños son horrendos y saben fatal.
  • Ropa interior color piel. Este color no acaba de convencer a los hombres. Pero tampoco es bueno insistir siempre con el negro, sino animarse a probar nuevos colores.

A evitar para ellos

  • Muy flojos o muy apretados. Así como las mujeres parecen saber qué talla usan en ropa interior, los hombres no lo tienen muy claro. Unos pecan de llevar boxers que parecen faldas de vuelo y otros ridículos calzoncillos por los que se les escapa alguna que otra cosa. ¿Es tan difícil encontrar la talla adecuada?
  • Calzoncillos “vulgares”. Nos referimos a los que tienen una trompita de elefante o una naricita de Pinocho y llevan consignas supuestamente graciosas, como: “¿Quieres que empiece a decir mentiras?”, o “¡Déjame entrar!». Salvo que se trate de un juego acordado de antemano por una pareja con bastante confianza, el resultado puede ser lamentable. Sobre todo si se trata de una primera relación con alguien que conoces hace poco.
  • Tanga. Sobre si la tanga está de moda o no en las chicas hay una fuerte polémica, pero casi todos coinciden en que en el hombre no debería haberlo estado nunca. Pero cuidado, otra vez: la intimidad de cada pareja es única, y si descubres que para ustedes funciona, ¡adelante!

Fuente: smoda.elpais.com

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