Categoría :

La monotonía, la costumbre, el tedio, el aburrimiento, la falta de sorpresa… Todos ellos son factores que contribuyen de manera negativa a que el acto sexual, tanto entre matrimonios como entre parejas que llevan mucho tiempo juntas, termine convirtiéndose en parte de la misma rutina que fregar los platos, limpiar la casa o preparar la cena.

A continuación recogemos algunas de las líneas generales que proponen la mayor parte de los estudios sobre el tema, y que recuerdan que lo más importante en la cama es el contexto. Como decía Einstein, para conseguir resultados diferentes hay que seguir mecanismos distintos:

1. Explícate

En muchas ocasiones, el problema se encuentra simple y llanamente en la comunicación. Si nuestra pareja no sabe lo que está haciendo mal o lo que no es capaz de hacer, difícilmente podrá ponerle solución, aunque en muchas ocasiones ser explícito respecto a nuestras necesidades o fantasías nos cueste más de lo deseado. Algunos terapeutas sexuales señalan que convertirnos en profesores sexuales de nuestro compañero revierte en una mayor felicidad para ambos, que tendrán más claros sus objetivos cuando se introduzcan entre las sábanas.

2. Dedícale el tiempo necesario

Aunque se recuerde una y otra vez, la mayor parte de parejas –especialmente los hombres– siguen sin darle especial importancia a los llamados preliminares, que preparan el terreno para lo que vendrá después. Entre estos retrasos en pasar a la acción se encuentra, por ejemplo, postergar el contacto físico un poco más de lo que desearíamos, por ejemplo, a través de un strip-tease o una conversación subida de tono. Según algunos estudios, se dedican 19 minutos de media a los preliminares, y aquellas personas que dedican más tiempo a este asunto manifiestan una mayor felicidad sexual que quienes le prestaban menos atención.

3. Piensa en ti

Como se suele decir, la caridad bien entendida empieza por casa, lo cual se traduce en términos sexuales en que es mucho más sencillo que ambos miembros de la pareja queden satisfechos si cada uno tiene claro sus propios objetivos y se esfuerza en conseguirlos, siempre y cuando no entorpezcan los del otro. Debido a que hombres y mujeres funcionan de manera diferente en la cama y obtienen placer de formas semejantes pero no iguales, intentar ponernos en el lugar del otro es en muchas ocasiones estéril y altamente improductivo, por lo que una pizca de egoísmo que a la larga deje satisfechos a ambos nunca está de más.

4. Habla

Debemos reconocer que cuando la mayor parte de amantes intentan expresarse de manera sensual o explícitamente erótica, los resultados se encuentran más cerca de lo hilarante que de lo estimulante. Por eso, es recomendable ser un poco sutil, encontrar inspiración en alguna novela erótica, vigilar el tono de voz (¡esos agudos!) e intentar que el asunto sea un poco divertido. Por supuesto, nada de mentar a otras mujeres u hombres, insultar a la primera de cambio o comportarse como una estrella porno. Altamente recomendado: pronunciar el nombre de tu pareja en voz alta.

5. Vístete para la ocasión

Después de convivir varios años con una misma pareja, es altamente probable que el hecho de verse desnudos carezca del encanto de las primeras veces, así que quizá sea bueno tomar el camino totalmente opuesto y empezar a vestirse otra vez. Pero no de cualquier manera, claro está, sino de alguna forma que resulte atractiva para la otra persona: la lencería y la ropa interior de seda o licra, así como algún que otro disfraz, pueden ser buenas opciones. En otras muchas ocasiones, un simple vestido de noche o unos vaqueros ajustados en lugar del pijama a cuadros pueden ser más que suficientes.

6. Sorprende a tu pareja

Cuando uno comienza a mantener relaciones con una nueva pareja, gran parte de la excitación de los primeros encuentros se halla en ese factor de incertidumbre y misterio que los rodea, y debido al cual no sabemos muy bien qué esperar. En el momento en el que el guión está ya escrito desde hace años y es conocido al dedillo por ambas personas, nos sentiremos como si estuviésemos viendo por enésima vez nuestra película preferida: nos puede gustar mucho, pero ya sabemos cómo acaba. Sin embargo, tan dañino es hacer siempre lo mismo como preparar al detalle lo que debería ser espontáneo.

7. Vean películas

Uno ya puede imaginarse a qué tipo nos referimos: en ocasiones no es mala idea recurrir a un estímulo externo para espolear nuestra imaginación, y con ella, las ganas de practicar sexo. Además, por qué no, nos pueden proporcionar ideas, posiciones y fantasías que quizá no se nos habrían ocurrido por nuestra cuenta. Como señalan la estadísticas, un 80% del sexo tiene lugar en nuestro cerebro, por lo que limitarnos a ese 20% meramente físico a lo máximo que puede conducirnos es a perder unas cuentas calorías (unas 100 de media, señalan los estudios, hasta 500 para los más fogosos).

8. Vete de viaje

Partiendo de la idea inicial de que el contexto lo es todo, ser capaces de abandonar las archiconocidas cuatro paredes de nuestro dormitorio y sustituirlas por otro tipo de estancia (o quizá, el aire libre en mitad del campo) puede significar un cambio esencial en la manera en que percibimos a nuestra pareja. Simplemente coger el carro y conducir unos cuantos kilómetros hasta un cercano hotel, donde no nos observen las fotografías de nuestros familiares e hijos o la ropa que queda por tender, puede marcar la diferencia.

9. Mastúrbate

La ignorancia suele señalar que la autosatisfacción no es más que el último recurso del hombre o la mujer desesperados e incapaces de encontrar un compañero sexual. Es decir, la herramienta de los perdedores. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: la mayor parte de parejas sexualmente satisfechas no han renunciado nunca al onanismo. Como cada vez más estudios muestran, conocer en profundidad nuestro cuerpo es esencial para mantener una vida sexual sana, y la masturbación es el complemento ideal a nuestra rutina sexual en pareja. Es lo que señalaba un estudio publicado en el año 2008 en la revista Archives of Sexual Behavior que tomaba como ejemplo la sociedad británica: las personas que más relaciones sexuales tenían eran también las que más se masturbaban.

Fuente: elconfidencial.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *