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Es indudable que la autoestima de una persona incide directamente sobre el modo de vivenciar diferentes experiencias y por supuesto que la sexualidad no escapa a ello. Es común que la baja autoestima repercuta negativamente sobre la respuesta sexual de una persona como también sucede que algún problema sexual genere baja autoestima.

De qué se trata

Generalmente, al referirnos a la autoestima se hace foco en lo que tiene que ver con el amor a sí mismo, pero autoestima es también la capacidad de estimarnos en el sentido de medirnos, de conocernos en profundidad.

Tener buena autoestima no significa creerme alto si soy bajo o sentirme delgada si tengo sobrepeso, sino aceptarme y amarme con cualquiera de esas condiciones.

Así como al amar a otro ser humano se lo hace con sus defectos y virtudes, lo mismo se espera de alguien que tenga buena autoestima: que se ame y se acepte con lo que le agrade o no de su propio ser.

Autoestima sexual

En lo que tiene que ver con el modo de relacionarnos sexualmente, hay una serie de aspectos subjetivos a la que podríamos llamar autoestima sexual, que se relacionan con lo que valoramos de nosotros mismos respecto a nuestra sexualidad y está íntimamente ligado al autoconocimiento.

Aquellas personas que hayan recibido educación sexual, que durante las diferentes etapas de crecimiento hayan tenido oportunidad de hablar de su sexualidad sin tabúes ni culpas, probablemente tengan una mejor autoestima sexual debido a que no han internalizado sensaciones negativas sobre los temas sexuales y por ende alcanzaron a autoconocerse de un modo placentero y fluido.

Cuando la educación sobre sexualidad ha sido escasa o ha provocado que se generen sensaciones negativas sobre la misma, es común que se produzcan bloqueos y/o que no se puedan valorar positivamente aspectos personales ligados a la experiencia sexual.

Aun cuando se esté atravesando alguna disfunción sexual es posible recordar o rescatar aquellos modos de relacionarse que se conserven saludables. Quizá exista algún evento en la historia sexual de cada uno que colabore con el aumento de la autoestima.

Enfocar para mejorar

Cuando se atraviesa alguna disfunción sexual es común que la mente intente focalizar en el problema pero para trascender estas limitaciones es necesario retirar el foco de allí y obtener un panorama más amplio. De lo contrario el agotamiento y la ansiedad acrecientan la dificultad.

Para ello es muy útil focalizar en lo saludable: rescatar eventos positivos en la historia sexual es un buen recurso para fortalecer la autoestima al tiempo que se evitan pensamientos negativos.

Otra forma de mejorar la autoestima sexual puede ser recordar el desempeño -propio y de ambos miembros de la pareja- e historizando, es decir, recordando cómo evolucionó el paso por la sexualidad a lo largo de la historia personal.

Probablemente con este ejercicio se encuentre una serie de recursos que se fueron adquiriendo a medida que aumentó nuestra experiencia sexual, posibilitando narrar la propia historia de manera positiva.

Reflexionar y comunicar

Además, en cuanto al autoconocimiento es importante detenerse a reflexionar sobre las cosas que nos agradan y desagradan, y qué tanto mi pareja conoce sobre estas preferencias. Es muy común que cuando se presenta una disfunción sexual la persona no sepa exactamente qué le gusta o le disgusta, y ambas cosas son igual de importantes.

En este sentido, una mayor autoestima colaborará con una mayor asertividad sexual. Es decir, con la capacidad comunicativa en el ámbito sexual: la capacidad de hablar de los aspectos positivos o negativos de las relaciones sexuales que mantenga, sin sentir ansiedad ni agresividad.

Este aumento paralelo de autoestima y asertividad sucede porque, en la medida en que una persona sienta mas aprobación de sí misma, estará menos determinada o condicionada por la expectativa del otro (real o imaginada). Y así como registrará con mayor facilidad sus propias sensaciones, también le será mas fácil expresarlas.

Saber qué se disfruta, qué cosas disgustan, qué cosas estaríamos dispuestos a probar en alguna oportunidad, e incluso qué cosas se sienten como prohibidas en términos sexuales, es fundamental para tener encuentros sexuales saludables porque esto propicia la comunicación, la responsabilidad y la fluidez en el vínculo.

Fuente: psicosexualidad.com

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